Pinsapo: el señor de los abetos

Su nombre viene del latín ‘abies’, que significa abeto, y del castellano ‘pinsapo’, palabra formada por ‘pino’ y ’sapino’, que quiere decir abeto en español.
Puede llegar a alcanzar más de 30 metros de altura, con ramas dispuestas en verticilos y acículas perennes, cortas, de 15 mm. de longitud, muy rígidas, de color verde oscuro y con forma de escobillón.
Su tronco puede encontrarse dividido en varios brazos, y está recubierto por una corteza con un tono gris bastante apagado. Floración: el pinsapo comienza a florecer con la llegada de la primavera, madurando durante todo el verano hasta presentar su fruto ya en el mes de octubre, con forma de piña larga y ovalada. Estas piñas son de mucha utilidad en Navidad para decorar el interior de los hogares.
Cuidados
Riego: no es muy exigente, basta con regarlo una vez cada quince días.
Luz: conviene plantarlo en un sitio soleado, ya que necesita varias horas de luz directa del sol al día para crecer de forma óptima.
Tipo de suelo: prefiere suelos con buen drenaje, con un bajo nivel de cal, que absorban bien el agua y eviten la formación de charcos permanentes.
Abonado: conviene utilizar abono orgánico mezclado con la tierra en el momento de su plantación. Posteriormente, podemos aprovechar el inicio del otoño para aplicar fertilizante cada dos o tres años.
Multiplicación: directamente por esquejes o semillas. Conviene estratificarlas en la nevera durante dos meses aproximadamente para romper el letargo del embrión. A la hora de plantarlas, no debemos cubrirlas con demasiada tierra, una capa fina será suficiente.
Poda: durante los tres primeros años de crecimiento, debemos realizar una poda de formación al final del invierno o principio de la primavera. De este modo, el pinsapo irá adoptando la forma que deseemos y crecerá así el resto de los años.