La weigela: un arbusto que queda bien en los jardines

Los arbustos de floración serán una opción segura a la hora de encontrar nuevos huéspedes para el jardín. La weigela, de la familia de las caprifoliáceas, es un arbusto de hoja caduca, cuyas hojas, alargadas y de color verde oscuro o púrpura según las variedades, estarán acompañadas a partir de principios del verano de pequeñas flores. Acampanadas, de color blanco, rosa o rojizo, serán un reclamo indiscutible para los colibríes. Sus frutos son pequeñas vainas alargadas que albergan un gran número de semillas.
Procedente de Asia, es adecuada para los parques de las ciudades, ya que tiene una alta tolerancia a la contaminación. Necesita un espacio amplio porque su espeso follaje alcanza un diámetro de unos dos metros.
Cultivo y variedades
La mejor forma de reproducción es por medio de esquejes, que se plantarán en primavera o en otoño. Arraigarán fácilmente. También está recomendado el trasplante de cepellones. El suelo debe estar bien drenado, con una acidez alta (ph de 3.7 hasta 7). Aunque se ubicará a pleno sol, para garantizar una floración abundante, o entre sol y sombra, en invierno se mantendrá preferiblemente en invernaderos, ya que no soporta bien las heladas. En cambio, se adapta muy bien a suelos tanto húmedos como secos.
Existen diversas variedades de este arbusto. Algunas de ellas son la weigela variegata, con flores de color rosa oscuro y follaje verde con tonos púrpura, la weigela vaniceki, que aportará tonos rojos al jardín, la weigela florida o la japonica, con flores rosas, la cándida, con flores blancas, la brigela, cuyas hojas, de color verde oscuro, poseen un borde de tono más claro, o la minuet, que se caracteriza por una altura menor a la de las anteriores (no llega a un metro).
Cuidados muy sencillos
Posee forma redondeada, que mantendremos con una poda adecuada, para que forme parte de decorativos setos. Se realiza tras la floración y hemos de cortar un tercio de las ramas. Para un desarrollo adecuado, en ocasiones es necesario añadir fertilizantes cada cinco o seis semanas.
No es necesario prestar atención a las plagas de insectos, enfermedades ni hongos, ya que la planta no tiende a padecerlas. En ocasiones, podremos disfrutar de una segunda floración a comienzos del otoño, pero será menos abundante que la que se produce en la época estival. En esta época perderá sus hojas, y en invierno lucirá un aspecto poco atractivo, que cambiará por completo en la siguiente primavera, cuando vuelvan a brotar sus numerosas hojas y flores.
Es un arbusto que requiere pocos cuidados y con un mantenimiento básico será una opción acertada tanto para cultivarlo en solitario, en cuyo caso nos proporcionará una amplia sombra, o para formar parte de setos ornamentales, junto a vallas y caminos, siempre que se pode habitualmente y le demos la forma adecuada.